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LIBRE ALBEDRÍO vs DESTINO

"Soy el dueño de mi destino. Soy el capitán de mi alma".

Últimas dos frases del poema Invictus escrito por el poeta inglés Willian Ernest Henley mientras sufría una dura convalecencia por una tuberculosis que le provocó la amputación de una pierna.
El poema Invictus sirvió de inspiración a Nelson Mandela durante su cautiverio y que relató magníficamente Clint Eastwood en su película sobe la vida del líder sudafricano. 

Tres grandes que nos muestran que tenemos el poder de elegir desde nuestro libre albedrío.

Sin embargo, Virgilio, otro poeta romano y sabio, dijo: Lo que ha de suceder, sucederá”.
Y William Shakespeare: Hasta en la muerte de un pajarillo interviene una providencia irresistible".

¿Quién tiene la razón?
¿Dónde se encuentra la verdad?

En estos tiempos de búsquedas de respuestas instantáneas, con inmediatez, a preguntas atemporales, puede complacer a tu núcleo accumbens descubrir que tienes libre albedrío.

Tranquiliza saber que llevas el timón de tu vida.
Reconforta creer que la vida te lleva por donde tú quieres. Cuando te va bien, por supuesto. 
Es cuando vives el ilusorio espejismo de que has creado la vida que soñabas. 
Aunque no piensas lo mismo de tu libre albedrío cuando tu vida no va como quieres o las cosas no suceden como esperabas.
¡Contradicción! ¡Tan humana!

Y de esto se alimentan muchos y muchas pseudo maestros/as. que nos inundan.
Te hablan de tu poder para crear tu vida, para materializar tus sueños para atraer a esa pareja, ese trabajo o esa maravillosa casa que te colme y que mereces.
Te lo crees, le compras su método sin saber que no le funciona ni a esta gente.
Y te frustras.
Te frustras porque sientes que lo has hecho mal, que no vales lo suficiente.
¿Si le funciona a todo el mundo, por qué a mi no?

También llegas a creer que si tienes libre albedrío, por qué sientes ese vacío, esa falta de calor, esa soledad, ese agotamiento, por qué no estás en paz, en calma, con alegría verdadera.

Ya sabes del poder del pensamiento, del poder de las emociones. Has leído que somos energía, parece que has aprendido mucho. Pero tú sigues igual, como habiendo dado un paso para adelante y dos para atrás.

Alguien te dice un día: “Todo está escrito, suelta y confía”.
Lo haces, creyendo que has evolucionado, que es el momento de dejar de luchar.
Sueltas y confías.

Eso es lo que tú crees. Porque realmente, si te sinceras, no has soltado de verdad, ni confías.
Esperas que sea lo que tú quieres, cuando tu quieres y cómo tú quieres.
Cuando esto no sucede, te agobias, te agotas, te enfadas y vuelves a caer en la duda.

Has creado un cóctel contradictorio con soltar y llevar el timón, con confiar y crear.

- Vaya lío, no comprendo nada - te dices.

¿Esto de qué va, de dirigir mi vida, llevar el timón o de confiar y soltar?

Las grandes escuelas espirituales, los grandes Maestros, llevan miles de años reflexionando y estudiando para alcanzar la respuesta. Una respuesta que existe, aunque no parece que sea definitiva.
Tenemos respuestas sabias y profundas. Al mismo tiempo que contradictorias.

Quizás no exista la respuesta perfecta, pero si existirá la correcta para ti, si te sigues trabajando, te serenas, te escuchas y aceptas la información que te llegue, aunque no te guste.

He tenido tiempos en los que he luchado mucho y no conseguía lo que esperaba. Otros en los que luché y conseguí lo que me había propuesto.
Tiempos en los que me rendí, me apagué y caí en un abismo. Otros en los que solté fluyendo, rendido y llegaron grandes regalos.

¿Luchar o soltar, moverse o confiar?
¿Libre albedrío o destino?

Se trata de aprender qué hacer y qué no hacer en cada momento, en cada circunstancia, en cada situación.

Si mi casa estuviera ardiendo, intentaría apagar el fuego o saldría corriendo y avisaría a todos los vecinos. No me quedaría rezando, practicando esta u otra disciplina para que suceda lo correcto y perfecto, que para mi será que el fuego se apague. Aunque si hago el gilipollas, lo correcto y perfecto si me quedo quieto es que me abrace el fuego.

Tú sigue orando sin moverte, tú sigue moviéndote sin orar.

Sigue y verás que nada cambia. Girarás en una rueda, como la del hámster que corre y corre, pero permanece en el mismo sitio.

Quizás una de las claves está en saber cuando tomar el timón entre las manos, sujetarlo con todas tus fuerzas y navegar en la tormenta. 
Y cuando soltar las riendas y que la vida te lleve a esa plácida isla, a ese puerto seguro o a ese infierno donde te encontrarás.

¿Cuándo saber manejar o soltar?
Solo te corresponde a ti.

Acepta que en este camino de aprendizaje no se aprende a la primera. 
Se cae, se levanta y se vuelve a caminar. 

Acabo con Arthur Schopenhauer: “El destino mezcla las cartas y nosotros las jugamos”.

Cuando elijas maestros y maestras que te remuevan, te hagan cuestionar tus pilares y te incomoden con Amor, en lugar de maestros o maestras que te digan lo que quieres escuchar, que solo te hagan sentir el placer del momento y te vendan el siguiente paso, quizás desde ahí, estés avanzando en tu evolución, con apoyos, pero sin dependencias.

Unos/as. viven de ti.
Los/as. otros/as. viven para ti.

Si quieres que te acompañe con Consciencia, Empatía y Respeto, ¡aquí estoy!

 Un abrazo.

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